Spirit Aviation Holdings Inc. dejó de volar este fin de semana. La aerolínea de descuento, que ya operaba bajo el capítulo 11 desde agosto, cerró cuando sus acreedores bloquearon el paquete de 500 millones de dólares que la Casa Blanca condicionaba a quedarse con el 90 % de sus acciones.
La empresa no logró encontrar otra fuente de liquidez ante el encarecimiento del jet fuel. Dave Davis, director general, informó que los vuelos quedaron cancelados y pidió a los pasajeros no presentarse en terminales. “Mantener el negocio requería cientos de millones que Spirit no tiene ni consiguió”, admitió.

La propuesta del presidente Donald Trump fue rechazada porque colocaba al gobierno como acreedor privilegiado en un eventual nuevo concurso, lo que desplazaba a los tenedores de deuda actuales.

En un comunicado conjunto, el secretario de Transporte Sean Duffy anunció que United, Delta, Southwest y JetBlue absorberán parte de la demanda con tarifas congeladas o reducidas para quienes tenían boleto en Spirit. Duffy prometió que ningún viajero quedará varado y que se abrirán plazas laborales para los trabajadores de la compañía.
El cierre afecta sobre todo a los hubs de Fort Lauderdale, Orlando y Las Vegas, donde la low cost concentraba sus operaciones. El aumento del combustible, agravado por el cierre parcial del estrecho de Ormuz tras la guerra entre EE. UU. , Israel e Irán, aceleró la caída de Spirit.

La administración Trump había ensayado un modelo similar de inyección estatal con Intel, pero en ese caso la empresa no estaba en quiebra inminente. Howard Lutnick, secretario de Comercio, fue el negociador clave en ambos planes. Ahora, sin Spirit, el mercado de vuelos baratos pierde un operador clave en rutas transcontinentales.
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