Estados Unidos reanudó en agosto los ataques contra Irán tras un breve paréntesis. Los bombardeos se concentraron en la isla de Larak, cerca del puerto de Bandar Abbas, ubicada en el punto más estrecho del estrecho de Ormuz. La isla alberga lanzadores de misiles y drones, sistemas de vigilancia aérea naval y búnkeres en terreno volcánico.
El 30 de agosto, Donald Trump publicó un video que mostraba la destrucción total de la isla de Kharg, a unos 650 kilómetros de distancia. No existe prueba de ataques reales contra ese territorio. Los videos de explosiones fueron generados por inteligencia artificial y probablemente son falsos, pues Kharg mantiene su actividad normal como centro de exportaciones petroleras iraníes.

La guerra contra Irán beneficia más a Israel que a Estados Unidos, según señala el texto. Los fracasos en la mediación del conflicto ruso-ucraniano sugieren que la maquinaria política y militar estadounidense podría no tener la letalidad que se atribuye.
Para Brasil, esta situación resulta preocupante. Con China y Rusia fortaleciendo alianzas, ratificadas en la cumbre de Kirguistán, y una Europa más enfocada en su defensa territorial, Latinoamérica adquiere mayor relevancia para Washington.

La nueva estrategia de
El texto menciona gobiernos alineados en Argentina, Ecuador y El Salvador, así como la situación en Venezuela tras un acuerdo que otorgaría control de reservas petroleras a Estados Unidos. Previamente, la presión sobre Panamá habría derivado en la devolución del control del Canal Bioceánico.

Brasil aparece como el principal objetivo de esta estrategia, dado su papel histórico en la integración latinoamericana.
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