La fortaleza del peso mexicano frente al dólar está generando un efecto contradictorio para las empresas exportadoras del país. Aunque mantienen o incluso aumentan sus volúmenes de ventas al exterior, los ingresos que perciben han disminuido de manera significativa.
La moneda nacional se ha apreciado 5.5 por ciento en lo que va del año, alcanzando niveles por debajo de los 17 pesos por dólar, su menor cotización en más de dos años. Esta tendencia, conocida como "superpeso", complica las operaciones de quienes dependen de los mercados internacionales.
El aguacate ilustra con claridad esta problemática. Sus exportaciones crecieron 35.3 por ciento en volumen durante el año, pero el valor de esas ventas cayó 17.2 por ciento. El precio por kilo se desplomó 38.8 por ciento, diluyendo los beneficios del aumento en cantidad comercializada.
La situación expone la vulnerabilidad de los productores mexicanos ante la volatilidad cambiaria. Mientras el peso se fortalece, sus productos se encarecen para los compradores extranjeros, lo que obliga a reducir precios para mantener competitividad.

El fenómeno no es nuevo. El superpeso había aparecido previamente en ciclos anteriores, beneficiando a importadores y consumidores de productos foráneos, pero perjudicando a quienes generan divisas para la economía nacional.
Las autoridades monetarias y financieras no han anunciado medidas específicas para compensar este efecto en el sector exportador. Los productores enfrentan la presión sin mecanismos de cobertura accesibles o programas de estabilización.
La infraestructura logística y de comercialización del país tampoco ofrece alternativas suficientes para que los exportadores diversifiquen mercados o reduzcan costos operativos que compensen la pérdida por tipo de cambio.
El contraste
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