La Iglesia Católica realizó una misa por los refugiados en la Parroquia de la Purísima Concepción en Nogales, Sonora, México, en la frontera con Estados Unidos. En una entrevista con el periódico Avvenire, el arzobispo Paul S. Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, expresó su alivio por el fallo de la Corte Suprema que rechazó el intento del gobierno de Trump de limitar el derecho al nacimiento.
Coakley señaló que los niños no cometen delito por nacer en Estados Unidos y que la medida habría convertido a los menores en apátridas. La decisión de los magistrados, que declaró inconstitucional la orden ejecutiva firmada por Trump, afectó a aproximadamente 260.000 menores cada año, según datos del Pew Research Center.
El arzobispo Coakley destacó que las naciones tienen derecho a regular la inmigración, pero también el deber de proteger la dignidad de toda persona. La fe católica, añadió, impulsa a protestar contra las leyes que niegan la dignidad humana y perjudican a niños inocentes.

La Corte Suprema, con una mayoría de 6 a 3, declaró inconstitucional la orden ejecutiva que habría excluido de la ciudadanía automática a los niños nacidos en Estados Unidos de padres sin estatus migratorio legal o con visas temporales. El presidente de la Corte, John Roberts, reafirmó que la 14ª Enmienda garantiza la ciudadanía a todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos y sujetas a su jurisdicción.
El fallo muestra una Corte que ha concedido cierto margen de maniobra a Trump en varios frentes, pero también ha impuesto límites a sus iniciativas controvertidas, como los aranceles y el papel de la Reserva Federal, pasando por el intento de superar el principio de ius soli. La composición de la mayoría es significativa en este caso.
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