Tomás Boy fue el líder natural del Tri en el Mundial de 1986. A sus 34 años, Bora Milutinovic le entregó la cinta de capitán y él la interpretó como el reconocimiento a toda una carrera. En la concentración, organizaba al grupo, gritaba instrucciones y hasta participó en la grabación de la canción oficial del equipo.
La armonía se quebró cuando Hugo Sánchez llegó cedido por el Real Madrid a pocas semanas del torneo. El goleador exigió el brazalete; los patrocinadores lo reclamaban para firmas personales. El vestidor se dividió. Boy, tirador oficial de penales, vio cómo Bora designó a Hugo contra Paraguay. El disparo se estrelló en el poste y México empató 1-1.

En cuartos de final ante Alemania, la afición esperaba que Hugo despertara. Cuando la tanda de penales llegó, declinó tirar. Boy, lesionado en el tobillo, lo criticó en televisión: “Yo no me hubiera negado”. El capitán abandonó el estadio al minuto 32 y el equipo quedó eliminado.

El resentimiento perduró. Boy probó como entrenador y comentarista; Hugo se convirtió en ídolo europeo. No fue hasta 2015, en un estudio de televisión, que estrecharon la mano. Una charla de dos horas y disculpas mutuas cerraron 29 años de silencio.

El episodio revela cómo las decisiones empresariales y la falta de protocolo en la Federación Mexicana de Futbol desestabilizaron al equipo justo en su mejor momento histórico. Boy terminó su carrera con 52 partidos y 9 goles; el país se quedó con la duda de lo que pudo haber sido si el grupo hubiera llegado unido al Estadio Azteca el 21 de junio de 1986.
Etiquetas: Mundial 1986, Selección Mexicana, Tomás Boy, Hugo Sánchez, Federación Mexicana de Futbol, conflictos deportivos, Emergencias
