La combinación sin precedentes de factores meteorológicos y geopolíticos ha creado condiciones casi ideales para que los precios de las materias primas agrícolas experimenten fuertes subidas entre finales de 2026 y comienzos de 2027. Rusia sigue siendo el principal foco de atención en la evolución de los precios de las materias primas agrícolas.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) prevé que la producción de trigo ruso se reduzca hasta 88,5 millones de toneladas, un 2% menos que el año anterior, mientras que las exportaciones aumentarían ligeramente hasta 47,5 millones de toneladas, lo que representaría aproximadamente el 20% del suministro mundial.
Sin embargo, el mercado podría verse sorprendido, con consecuencias negativas para la oferta. El USDA reconoce que existen riesgos para que Rusia alcance las expectativas del mercado, aunque la mayoría de ellos están relacionados con las condiciones meteorológicas y responden a los mecanismos habituales del sector agrícola.

Lo que el USDA y la mayoría de las instituciones similares no incorporan en sus previsiones es la crisis de combustible que atraviesa Rusia y que, previsiblemente, seguirá agravándose.
Ya existen numerosos indicios de que el país necesita complementar el suministro interno mediante importaciones, mientras que muchas regiones rusas sufren una escasez crítica de combustibles.

Prueba de ello es la prohibición de las exportaciones de diesel, uno de los principales productos de exportación de Rusia, que en esta ocasión parece tener un alcance mucho más grave que el registrado en 2023. En resumen, los agricultores rusos podrían enfrentarse a una escasez de combustible para la maquinaria agrícola.
Los problemas de suministro de combustible en Rusia llevan tiempo apareciendo, pero solo en los últimos meses se han hecho visibles en todos los tipos de combustibles y en prácticamente todas las regiones del país, y no únicamente en zonas concretas.
Según encuestas e informes independientes, la escasez, fuera de Crimea, es especialmente grave en el suroeste de Rusia. Esto resulta particularmente preocupante porque estas regiones son fundamentales para la producción agrícola total del país.

A partir de las publicaciones existentes, incluidas las de la FAO, se puede deducir que la escasez de combustible podría traducirse en una reducción adicional de la producción de trigo de aproximadamente entre un 10% y un 15%.
Esto supondría una disminución de la oferta mundial (asumiendo que se mantienen sin cambios las proporciones entre consumo y exportaciones) de más de un 2% a un 3%. El panora
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