Las noches en el satélite duran el equivalente a dos semanas terrestres y bloquean toda entrada de luz solar, por lo que los paneles fotovoltaicos quedan inutilizados. La NASA responde con una pila de combustible regenerativa que, en teoría, garantiza energía continua a las futuras bases habitadas.
El dispositivo almacena hidrógeno y oxígeno gaseosos. Cuando la estación requiere electricidad, ambos elementos se combinan y producen agua, calor y corriente. Una vez satisfecha la demanda, el sistema revierte la reacción: descompone el agua y repone los gases originales, cerrando un ciclo que no consume combustible.

El tamaño equivale al de un sedán y a la altura de una persona. En 2025 se validaron los componentes básicos y ahora se evalúa la eficiencia de la regeneración en celdas de prueba controladas remotamente. El experimento puede operar de forma autónoma durante largos periodos, lo que reduce el riesgo para el personal técnico.

Científicos del centro espacial afirman que cada ensayo aporta datos para afinar los 270 sensores y mil piezas que componen el prototipo. Tras cinco años de desarrollo, el modelo se acerca al umbral de resistencia térmica que exige el entorno lunar, donde las oscilaciones superan los doscientos grados centígrados entre día y noche.

La siguiente fase reproduce las condiciones reales en cámaras de vacío y frío extremo. Si los resultados confirman la durabilidad, la agencia planea integrar la tecnología en el programa Artemis, descartando por ahora su uso en Marte hasta demostrar utilidad práctica en la superficie lunár.
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