Jacob Coxon, investigador británico de 27 años, abandonó su puesto en Anthropic el pasado 8 de septiembre de 2026 tras haber trabajado aproximadamente tres años en investigación de preentrenamiento de modelos de inteligencia artificial. Antes de su paso por esa empresa, Coxon formó parte del equipo de OpenAI, donde participó en evaluaciones de
En una serie de mensajes públicos, el matemático —formado en Trinity College de la Universidad de Cambridge y medallista de plata en la Olimpiada Internacional de Matemáticas— cuestionó la velocidad con la que avanza la industria sin las salvaguardas necesarias. Su principal advertencia apunta a la posibilidad de crear una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma, escenario que considera especialmente peligroso si la competencia entre laboratorios impide frenar el desarrollo a tiempo.

Coxon señaló que ninguna de las dos empresas por las que pasó está actuando con la responsabilidad que requiere el momento. La frase que más eco generó fue su acusación de que la industria está apostando con nuestras vidas mientras compite por alcanzar capacidades cada vez mayores.
Tras su salida, el investigador ha abogado por una coordinación más estrecha entre las empresas del sector y los gobiernos, tanto a nivel nacional como internacional. Su propuesta busca evitar que la presión competitiva obligue a los laboratorios a priorizar la velocidad sobre las medidas de

La compañía declinó hacer comentarios sobre la renuncia de Coxon ante Financial Times. La ausencia de respuesta deja sin réplica institucional las acusaciones directas del exempleado.
La salida de Coxon reabre un debate que divide incluso a quienes desarrollan estas tecnologías: la tensión entre innovación y precaución. Su caso ilustra cómo investigadores con acceso directo a los procesos internos de los laboratorios más avanzados deciden distanciarse públicamente de sus empleadores por discrepancias éticas.

El matemático aclaró que su renuncia no constituye prueba de que una catástrofe por superinteligencia sea inminente. Sin embargo, insistió en que la pregunta sobre cómo controlar sistemas más poderosos que los actuales sigue sin respuesta satisfactoria mientras el desarrollo continúa acelerándose.
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