El Índice Nacional de Precios al Consumidor cerró abril con una tasa anual de 4. 45%, por debajo del 4.59% de marzo y de la expectativa de 4.50% que manejaban los bancos. El dato, publicado por INEGI, interrumpe tres meses consecutivos de aceleración y representa el nivel más bajo desde enero, aunque sigue fuera del rango meta de Banxico (3% ±1).
La inflación subyacente —que excluye energéticos y productos agropecuarios— se moderó a 4.26%, con bienes en 3.99% y servicios en 4.52%. En contraste, la no subyacente repuntó de 5.05% a 5.08% anual, empujada por un alza de 7.98% en productos del campo.
Frutas y verduras fueron el factor más violento: subieron 21.43% en doce meses. Dentro del mercado de abasto, el chile poblano encareció 41.42%, el chile serrano 36.27%, el jitomate 19.25% y la papa 12.23%. La canasta básica reflejó así un encarecimiento real para los hogares de menores ingresos, que destinan más de 40% de su gasto a alimentos.
También presionaron al alza la gasolina premium (+6.16%), el gas doméstico (+1.56%) y el pasaje de autobús urbano (+3.44%). El servicio de fondas y taquerías se encareció 0.49%, lo que sumó presión al gasto diario de trabajadores que comen fuera de casa.

Algunos productos moderaron el promedio. La electricidad bajó 14% frente al mismo mes del año pasado, tras la eliminación del subsidio estival en 2025. El tomate verde perdió 34.80%, la calabacita 18.57% y el limón 14.58%. El transporte aéreo se abarató 7.52% y el huevo 3.48%.
Analistas de Pantheon Macroeconomics anticipan que la inflación general se mantendrá cerca de 4% el resto del año, con desaceleración gradual del componente subyacente. El riesgo, advierten, procede de choques externos en energía y alimentos que podrían revertir la tendencia.
Banxico ha reducido la tasa de referencia en cinco ocasiones consecutivas y el mercado espera un recorte adicional hasta 6.50%. Sin embargo, los especialistas consultados estiman que el ciclo expansivo está próximo a su fin, pues la persistencia de precios en servicios y alimentos limita espacio para nuevos estímulos.
Para las familias mexicanas la desaceleración es, de momento, estadística: el costo de la canasta básica sigue elevado y el salario mínimo real apenas recupera terreno. La volatilidad del agro y la política tarifaria en electricidad y combustibles seguirán determinando si la tendencia a la baja se consolida o si el alivio queda en el papel.
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