Durante meses, líderes europeos promovieron el rearme como doble solución:
La Comisión Europea despidió ese optimismo en mayo de 2025. Su simulación de primavera mostró que elevar linealmente el gasto militar hasta el 1,5% del PIB solo incrementaría el PIB real de la Unión Europea un 0,5% respecto al escenario base en 2028.
Al mismo tiempo, la ratio de deuda pública subiría 2 puntos porcentuales. El aumento de la deuda sería, por tanto, cuatro veces superior al crecimiento adicional esperado, según los cálculos de Bruselas.

El dato pone en evidencia que el rearme no es un motor barato ni limpio. Aunque puede aportar algo de actividad, el costo fiscal lo desmultiplica, advierte el análisis compartido con los Estados miembros.
Hace un año, Reuters ya matizaba la posible bonanza. Señalaba que el impulso dependía de que Europa desarrollara una base industrial de defensa integrada y capaz de absorber el gasto; de lo contrario, gran parte del dinero fugaba en importaciones y se perdía el efecto multiplicador.

El Fondo Monetario Internacional confirmó esas dudas en el World Economic Outlook de abril de 2026. Recuerda que los booms militares suelen financiarse en dos tercios con déficit y dejan un rastro de deuda: en promedio, elevan el déficit fiscal 2,6 puntos del PIB y la deuda pública 7 puntos en solo tres años.
El FMI también alerta sobre los costes externos. Aunque el gasto militar puede calentar la actividad a corto plazo, no garantiza crecimiento sostenible y puede desplazar inversión productiva o servicios sociales.

Consultoras como Capital Economics refuerzan la visión crítica. Sus modelos indican que el impacto sobre el crecimiento puede ser “mucho más limitado e incluso negativo” si las compras se fragmentan entre países y sectores.
La conclusión compartida apunta al método: la clave no es cuánto se gasta, sino cómo se financia y dónde se ejecuta. Sin una estrategia industrial y fiscal coordinada, el rearme europeo elevaría la deuda sin transformar la economía.
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