El movimiento estudiantil volvió a las calles en al menos dos continentes para frenar planes gubernamentales que afectan la educación y aumentan la militarización. En Alemania, el 8 de mayo más de 45 mil estudiantes de 150 ciudades protestaron contra la campaña de rearme impulsada por el gobierno de Friedrich Merz.
La administración alemana envió desde enero cuestionarios de enlistamiento a quienes cumplen 18 años; hasta ahora han respondido 72 % para evitar multas de 250 euros. El objetivo oficial es formar “el ejército convencional más fuerte de Europa” con un gasto anual de más de 200 billones de euros en armamento.
A la marcha estudiantil se sumaron trabajadores del hospital público Vivantes, en huelga desde hace tres semanas por mejoras salariales, evidenciando un frente común contra los recortes sociales y el aumento del presupuesto militar.

En Brasil, la Universidad de San Pablo mantiene un paro de más de 25 días contra la precarización y los intentos de privatización del gobernador Tarcísio de Freitas.
El fin de semana fueron desalojados por la fuerza estudiantes que ocupaban el rectorado; este lunes miles de alumnos, profesores y trabajadores de las universidades estatales UNESP y Unicamp se concentraron en un acto unificado para ratificar la huelga.
La protesta estudiantil coincide con la huelga anunciada por trabajadores del metro de San Pablo, que exigen contrataciones y rechazan la privatización del servicio. Ambas movilizaciones muestran cómo el sector educativo y el transporte público se alían para frenar políticas de ajuste en el estado más poblado de Brasil.
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