El telescopio espacial Nancy Grace Roman despegó puntualmente a las 7:26 de la mañana, hora local en Florida, el domingo 30 de agosto. La NASA cumplió con una ventana de lanzamiento de apenas 30 segundos para situar la misión en su órbita final, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.
Esa ubicación, el segundo punto de Lagrange, es una región donde se equilibran las atracciones gravitacionales del Sol y la Tierra. Hasta ahora solo otros tres observatorios operativos —James Webb, Euclid y el ya retirado Gaia— habían alcanzado esa posición, junto con las misiones concluidas Planck y WMAP.
La misión rompe con una práctica establecida en observatorios previos. A diferencia de Hubble o Webb, donde los científicos conservan derechos exclusivos sobre los datos durante su primer año, Roman liberará toda su información de manera inmediata y gratuita. El sistema Roman Nexus permitirá el acceso público a través de la nube.

Según la agencia espacial, el observatorio se diseñó para que cualquier persona en el planeta pueda explorar sus datos y participar en la búsqueda de descubrimientos. Esta apertura representa una cantidad de información sin precedentes disponible desde el inicio de operaciones.
El proyecto superó más de dos décadas de desarrollo y varias crisis presupuestarias que amenazaron su continuidad. Se le impuso un límite estricto de costos que, según los registros de la misión, finalmente cumplió con margen favorable.

Cuatro días antes del lanzamiento, científicos e ingenieros de todo el mundo revisaron en reunión la historia y perspectivas de la misión. Entre los asistentes figuró Saul Perlmutter, premio Nobel 2011 por el descubrimiento de la energía oscura y promotor constante del observatorio.
En la reunión se recordó también a Neil Gehrels, director del laboratorio de astropartículas del centro Goddard de la NASA, fallecido en 2017. Gehrels fue uno de los principales impulsores de la misión desde sus etapas iniciales.

Las instalaciones del Goddard fueron el núcleo del desarrollo del telescopio. Además, participaron más de un centenar de laboratorios y empresas de América, Europa, Japón y Australia, así como la Agencia Espacial Europea.
La víspera del lanzamiento, la NASA convocó una reunión en la playa de los Cocos, cerca de Cabo Cañaveral. El sitio, también reserva natural de águilas calvas, recibió a trabajadores del proyecto con sus familias en un ambiente que los asistentes describieron como de entusiasmo compartido.
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