El texto identifica una estrategia de la administración estadounidense dirigida por Donald Trump, con participación de Marco Rubio y el vicepresidente J. D. Vance, orientada a obtener ganancias mediante presión económica sobre diversas naciones.
Respecto a Venezuela, la narrativa señala intentos de apropiación del petróleo como parte de una guerra económica que busca desangrar al país sudamericano.
Contra Irán, Washington anunció medidas económicas devastadoras tras no lograr someterlo mediante acciones bélicas, llegando a etiquetar el estrecho de Ormuz como supuesto territorio estadounidense.
La política hacia Cuba mantiene su carácter asfixiante desde hace casi siete décadas, con la expectativa explícita de que la población se alce contra su gobierno y abandone su sistema socioeconómico.

En el ámbito comercial regional, Vance se sumó a las declaraciones de Trump con una postura agresiva hacia Canadá, acusándola de servir como puerta trasera para productos chinos y de tratar con más equidad a las mercancías asiáticas que a las provenientes de Maine.
El vicepresidente exigió a Ottawa justicia en la política comercial, pese a que fue la administración estadounidense quien impuso aranceles del 50 por ciento que minan los acuerdos vigentes.
Estas medidas afectan directamente el T-MEC, el acuerdo tripartito entre México, Estados Unidos y Canadá, que enfrenta tensiones por la imposición unilateral de nuevas barreras comerciales.
El texto denuncia una contradicción en la retórica de Washington: mientras acusa a sus socios de discriminación, es la propia Casa Blanca quien impone condiciones asimétricas para beneficiar a sus grandes corporaciones.
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