El colapso de un inmueble abandonado en la calle de Nebraska, cerca del Viaducto de la Ciudad de México, ha puesto de nuevo en evidencia la situación preocupante de edificios dañados que permanecen sin intervención, según Sergio Alcocer Martínez de Castro, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM y Premio Nacional de Ingeniería Civil 2023. En entrevista con Aristegui en Vivo, Alcocer Martínez de Castro señaló que el edificio que se desplomó estaba programado para ser demolido y que el accidente pudo haber ocurrido durante el proceso de demolición.
El especialista destacó que en la Ciudad de México persisten edificios afectados por los sismos de 2017 que aún no han sido rehabilitados. Uno de los obstáculos para intervenir estos inmuebles son los problemas legales asociados con el régimen condominal, que en ocasiones impiden la rehabilitación si un propietario se opone. Como ejemplo, Alcocer Martínez de Castro mencionó un edificio cercano a Parque España, donde algunas personas siguen viviendo a pesar de los daños estructurales.

De acuerdo con el investigador, la situación actual demuestra la necesidad de ajustar las políticas públicas y las normas de la Ciudad de México para aumentar la resiliencia de la capital y permitir la intervención de edificios en riesgo. La intervención puede incluir tanto la rehabilitación como la demolición de los inmuebles, con la posibilidad de reasignar el terreno a otros usos.
Alcocer recordó que el sismo de 1985 marcó un punto de inflexión en la regulación de la construcción en México. Expuso que, a pesar de que en ese momento se seguían las tendencias internacionales, hubo una desconexión entre lo que se esperaba de los edificios según la normativa y lo que realmente podían soportar las estructuras. A raíz de ese terremoto, se implementó una norma de emergencia y posteriormente un reglamento en 1987 que corrió los defectos de la normativa de 1976.

El investigador enfatizó la importancia de los reglamentos de construcción para garantizar condiciones mínimas de
El sismo de 2017 demostró que, a pesar de las mejoras en calidad de materiales, construcción e inspección después de 1985, persistían errores identificados décadas antes. Alcocer señaló que algunos edificios que mostraron un comportamiento deficiente en 2017 tenían problemas que ya habían sido identificados en el pasado.
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