La llegada de herramientas de inteligencia artificial generativa ha abierto la puerta a una modalidad de fraude que crece en México: el uso de deepfakes para suplantar identidades y vaciar cuentas bancarias.
En los últimos meses, la Procuraduría de Protección al Usuario Financiero ha recibido al menos 37 denuncias relacionadas con llamadas o videollamadas donde los estafadores imitan la voz y el rostro de familiares o directivos de empresas. El modus operandi es sencillo y eficaz.

Los delincuentes extraen material de redes sociales, entrenan un modelo con menos de tres minutos de audio o video y generan contenido que engaña a víctimas y a sistemas biométricos de instituciones financieras.

En la Ciudad de México, un hotel de la zona Rosa perdió 2 millones de pesos cuando la contadora recibió una videollamada aparentemente procedente del director, quien ordenó una transferencia urgente a un proveedor en el extranjero. La grabación resultó ser falsa.
El banco detectó la anomalía días después, pero el dinero ya había sido retirado en criptomonedas. Autoridades del Instituto Nacional de Transparencia advierten que los casos reportados representan apenas una fracción del total, pues muchas víctimas no presentan denuncia por temor al descrédito o por desconocer la existencia de esta técnica.

La Comisión Nacional Bancaria y de Valores emitió una circular para que las instituciones fortalezcan sus protocolos de identificación, pero no establece sanciones concretas ni plazos. Especialistas en ciberseguridad critican la respuesta gubernamental como tardía y desarticulada. Señalan que ni la Secretaría de.
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