El cierre del estrecho de Ormuz el 28 de febrero dejó al descubierto la asimetría global de inventarios de crudo. La Administración de Información Energética de Estados Unidos publicó un gráfico con los niveles de diciembre de 2025 que permite calcular cuánto tiempo cada gran potencia podría funcionar sin importar un solo barril.
China lidera el ranking absoluto: 1.397 millones de barriles entre reservas estratégicas y almacenamiento comercial, casi el triple de los 413 millones que guarda EE.UU. en su reserva estratégica. Durante 2025 Beijing acumuló un promedio de 1,1 millones de barriles diarios, aprovechando crudo sancionado ruso, iraní y venezolano a precio reducido.

La operación fue silenciosa. El gobierno chino no difunde cifras oficiales de inventarios; la EIA las reconstruye cruzando datos de importaciones, exportaciones y satélites de empresas como Vortexa y Kpler. Las firmas estatales siguieron instrucciones de crear una “segunda capa” estratégica en tanques comerciales, lista para bloqueos o sanciones.
Estados Unidos, con producción interna récord de 13,6 millones de barriles diarios, depende menos del Golfo Pérsico y puede resistir mayor tiempo que Europa o Asia oriental. Aunque formó parte del acuerdo de liberación coordinada de emergencia de la IEA, su exposición es menor.

Europa es el caso opuesto. Sus reservas son sensiblemente inferiores y su producción propia residual. El continente importa masivamente desde el Golfo Pérsico y tiene menos días de cobertura ante un corte prolongado.
España, por ejemplo, contaba con 92 días de inventarios en situación de crisis total antes del bloqueo, según cálculos previos de la IEA. La cifra puede resultar insuficiente si el cierre de Ormuz se prolonga y no llegan cargamentos alternativos por Atlántico o oleoductos terrestres.

El gráfico de la EIA convierte los días de reserva en un mapa de poder: quien tiene más barriles gana tiempo para negociar, subsidir o cambiar rutas. Quien tiene menos depende de la rapidez con que EE.UU., Arabia Saudita o Rusia reubiquen flujos por ductos o puertos alternos.
El cierre del estrecho mueve aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Mientras permanezca bloqueado, cada país consumirá sus stocks y revelará cuánto aguanta su economía sin combustible nuevo. La cuenta atrás ya corre.
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