DATO DURO
La Habana vivió su segunda noche a oscuras en menos de siete días tras el colapso total del sistema eléctrico nacional el sábado por la tarde. Según reportes oficiales, apenas 72 mil clientes en la capital —incluyendo cinco hospitales— contaban con servicio al amanecer del domingo, cifra que alcanzó 280 mil usuarios pasado el mediodía.
La Unión Eléctrica atribuyó la falla a la salida imprevista de una unidad generadora en la termoeléctrica de Nuevitas, Camagüey, aunque no precisó la causa técnica específica. En provincias como Matanzas, Granma y Holguín se establecieron "microsistemas" locales para abastecer centros vitales.
Este incidente marca el tercer colapso masivo desde enero, cuando Estados Unidos reforzó restricciones petroleras contra la isla. El 4 de marzo, un apagón afectó todo el occidente cubano, la zona más poblada del país. El lunes anterior, otro corte nacional tardó varios días en resolverse.

La población reporta afectaciones que trascienden la oscuridad. Dilan Mena, madre de 28 años, describió cómo su hija no pudo dormir y se echaron a perder alimentos tras 16 horas sin corriente. Su caso ilustra el daño doméstico que los cortes prolongados causan en la preservación de comida y el funcionamiento de electrodomésticos.
CONTEXTO
Alfredo Díaz, técnico en electromedicina de 27 años, expresó el desgaste ciudadano: "Estamos cansados de esta jugada". El testimonio refleja una fatiga acumulada ante racionamientos diarios que afectan el suministro de agua, la preparación de alimentos y la vida cotidiana.
Las principales termoeléctricas, incluida la Antonio Guiteras en Matanzas —considerada entre las más importantes del país—, iniciaron protocolos de "calentamiento" previos a la generación. Este proceso gradual retrasa la reconexión total del sistema.

CONCLUSIÓN
Los servicios de internet también operarán de manera intermitente, según autoridades. La dependencia de infraestructura eléctrica para comunicaciones digitales amplía el impacto de los colapsos hacia el acceso a información y conectividad.
La crisis energética cubana se enmarca en restricciones externas, pero evidencia simultáneamente el deterioro de plantas generadoras y la falta de respuesta resiliente ante emergencias. La alternativa de "microsistemas" locales, aunque funcional para centros críticos, deja a la mayoría de la población sin solución inmediata.
Mientras tanto, ciudadanos como Mena intentan normalizar lo anormal: "Tenemos que acostumbrarnos a seguir la rutina de siempre". La pregunta que subyace —"¿Qué vamos a hacer?"— carece de respuesta institucional clara más allá de los comunicados
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