La guerra en Irán generó un fuerte shock en el mercado petrolero, afectando la oferta de crudo. A pesar de la intensidad del conflicto, los precios del petróleo no alcanzaron los US$150 por barril que muchos analistas habían anticipado.
El estrecho de Ormuz quedó intransitable tras ser afectado por las municiones iraníes, dejando atrapados unos 14 millones de barriles diarios de crudo en el Golfo Pérsico.
Mientras tanto, Abu Dabi y Riad desviaron 5 millones de barriles diarios por oleoductos alternativos, y Estados Unidos y Japón liberaron 2 millones de barriles diarios de sus reservas de emergencia. En países con ingresos más bajos, el racionamiento estatal redujo parte de la demanda.

Sin embargo, estas medidas no habrían sido suficientes sin la decisión de China. Entre febrero y junio de 2026, China, el mayor importador de petróleo del mundo, redujo sus compras de crudo a la mitad, lo que representó 5,5 millones de barriles diarios menos.
Esta caída en las compras chinas pudo restar US$30 o más al precio del Brent, el principal referente internacional. La reducción de compras por parte de China es notable, ya que su economía no atravesaba una recesión en ese momento.

Durante los confinamientos por covid-19, la demanda mundial cayó en unos 9 millones de barriles diarios y la economía global se contrajo. En esta ocasión, China redujo por sí sola más de la mitad de esa cantidad mientras su PIB continuaba creciendo.
La decisión de China de importar menos petróleo no fue producto de un colapso económico, sino de una estrategia que tuvo un impacto significativo en el precio internacional del crudo.
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