Pemex reportó en abril que sus emisiones de metano crecieron 51% en el primer trimestre de 2026, al quemar o ventear cerca de 620 millones de pies cúbicos diarios de gas, equivalente al 13% de su propia producción. La empresa atribuye el aumento a la falta de infraestructura para procesar gas.
Ante el deterioro financiero —deuda neta de US$79,000 millones y pasivos por US$21,000 millones con proveedores—, la compañía estudia sumarse a la Oil & Gas Methane Partnership 2.0, iniciativa de la ONU que administra el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
La membresía en OGMP 2.0 no es obligatoria para recibir subvenciones, pero facilita el acceso a financiamiento no reembolsable de programas como la Alianza Global para la Reducción de la Quema y del Metano del Banco Mundial, con el que ya se reunió en el primer trimestre.

El objetivo interno de Pemex es recortar emisiones de metano 30% para 2030 respecto a 2020 y eliminar la quema rutinaria ese mismo año. La meta es menor que la de los miembros de OGMP 2.0, quienes se comprometen a bajar entre 60% y 75% para 2030 contra niveles de 2015.
México depende de importaciones de gas natural desde Estados Unidos; el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum promueve mayor soberanía energética. Reducir el venteo permitiría aprovechar gas doméstico que hoy se pierde.

Pemex es una de las pocas grandes petroleras fuera de OGMP 2.0, que agrupa a 160 empresas y cubre 45% de la producción mundial de hidrocarburos. Petrobras ingresó en 2023.
En 2025 la petrolera firmó la carta de compromiso de la iniciativa Zero Routine Flaring by 2030 del Banco Mundial, pero no ha presentado un plan detallado ni fechas de inversión concretas para cumplirlo.
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