En 1942, Franklin D. Roosevelt ordenó excavar bajo la Casa Blanca un refugio de hormigón y acero para desaparecer en segundos si Washington era atacado.
Ocho décadas después, esa misma lógica inspira la mayor reforma del complejo: un salón de baile de 90 000 m² que, según el gobierno, resolverá la falta de espacio para eventos, pero cuya verdadera función estará bajo tierra.

Las autoridades afirman que la estructura permitirá concentrar actos en un entorno controlado, lejos de hoteles y sedes externas vulnerables. El diseño, presentado en maqueta al primer ministro australiano Anthony Albanese el 20 de octubre de 2025, incluye materiales resistentes a explosiones, sistemas antidrón y comunicaciones seguras.
El plan aprovecha la demolición del ala este para sustituir el actual Presidential Emergency Operations Center, el histórico búnker que ha evolucionado con cada generación desde la Segunda Guerra Mundial.

A diferencia de reformas anteriores, esta vez el refugio no será una ampliación, sino una nueva instalación construida desde cero con criterios de protección avanzada.
La Casa Blanca ha utilizado antes obras de superficie para modernizar infraestructuras subterráneas sin alterar la fachada histórica; el proyecto actual extiende esa práctica a escala sin precedentes.

El resultado será un espacio para mil personas sobre el terreno y, debajo, el punto más seguro del país frente a amenazas nucleares, terroristas o cibernéticas. La administración no ha detallado el costo ni el calendario oficial, pero la obra ya se considera la intervención más profunda en la.
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