OpenAI y Microsoft publicaron una versión revisada del contrato que las une desde 2019. El documento pone fin a la exclusividad que Redmond mantenÃa sobre la infraestructura en la nube de la firma de Sam Altman, y modifica los flujos de dinero que hasta ahora regÃan la relación.
El punto clave: Azure deja de ser el único destino donde OpenAI puede desplegar sus modelos. La startup podrá distribuir ChatGPT y sus herramientas a través de Amazon Bedrock, Google Cloud o cualquier otro proveedor que considere conveniente. Microsoft seguirá recibiendo primero cada nuevo lanzamiento, salvo que decida o no pueda asignar los recursos computacionales que demande el producto.
La ruptura de la exclusividad generó fricción abierta hace semanas, cuando OpenAI anunció su acuerdo con Amazon. Microsoft interpretó esa alianza como una violación del contrato original y llegó a amenazar con demandar. La nueva redacción busca evitar un litigio y aclara que Redmond ya no puede bloquear a terceros proveedores.
En el capÃtulo financiero, la balanza se incluye hacia Microsoft. La compañÃa dejará de entregar a OpenAI un porcentaje de los ingresos que obtenga por productos que integren la IA, mientras que OpenAI continuará pagando a Microsoft una fracción de sus propios ingresos hasta 2030. El porcentaje se estima en 20 %, aunque ahora existirá un tope global que no fue revelado.

El acceso de Microsoft a los modelos de OpenAI también cambia. La licencia seguirá vigente hasta 2032, pero dejará de ser exclusiva. Cualquier competidor podrá negociar uso directo de los mismos algoritmos, lo que reduce la ventaja competitiva que Redmond mantenÃa en servicios como Copilot o Bing Chat.
A cambio, Microsoft conserva una participación accionaria significativa en la startup. Esa posición le garantiza un asiento preferente si OpenAI concreta la salida a bolsa que se especula para 2027, fecha que la propia empresa ha preferido no confirmar.
El ajusto refleja la tensión entre ambas partes: OpenAI necesita flexibilidad para escalar y Microsoft busca proteger su inversión. Con la exclusividad perdida, Redmond deberá competir por méritos técnicos y precio, no por contrato, para que los clientes elijan Azure como plataforma de despliegue.
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