En las juntas de firmas de abogados, la inversión en inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una partida de gastos inesperada. Un socio senior, que no es tecnófobo y utiliza ChatGPT, podría preguntar por la efectividad de dichas inversiones.
La respuesta no es clara, ya que muchas firmas han adquirido tecnología sin un plan para medir su rendimiento. Esto no es ineficiencia; es más bien una explicación estructural. Muchas firmas se organizan en torno a beneficios anuales, mientras que una inversión tecnológica puede requerir varios años para mostrar su retorno completo.
Esto crea una tensión entre el costo inmediato y los beneficios a largo plazo. Para abordar esto, se sugiere que las firmas se hagan preguntas clave, como si tienen una estrategia de IA o simplemente una colección de suscripciones.
El 43% de las firmas y áreas legales ya tiene una herramienta de IA desplegada, pero solo el 22% tiene una estrategia visible para implementarla. Esto puede traducirse en una oficina con herramientas de IA sin una coordinación efectiva, lo que dificulta la medición de su impacto.

Antes de nuevas adquisiciones, es fundamental hacer un inventario de las herramientas de IA que la firma ya posee, para detectar licencias infrautilizadas y evitar duplicidades. Esto permitirá responder cuánto se invierte en IA y qué se obtiene a cambio.
La adopción de IA en el ámbito legal ha sido rápida, pero la estrategia para su implementación no ha seguido el mismo ritmo. La Thomson Reuters Institute informa que solo el 22% de las organizaciones tiene una estrategia de IA visible, lo que sugiere un potencial desbalance en la inversión y en la obtención de beneficios.
La transformación tecnológica requiere paciencia, y las firmas de abogados deben estar preparadas para medir el éxito de sus inversiones en IA a largo plazo.
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