El terremoto más fuerte que ha azotado Venezuela en más de un siglo representa el mayor desafío para el liderazgo inicial de Delcy Rodríguez, pero también podría permitir a la presidenta interina imponer su autoridad en un gobierno fracturado y comenzar a reconstruir un país devastado.
Tras los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela el miércoles por la noche, podrían pasar semanas antes de que se conozca el alcance total de los daños. Los modelos de datos del gobierno estadounidense sugieren que el número de muertos podría superar los 10. 000.
Rescatar a los atrapados, atender a los heridos y reconstruir las viviendas y la infraestructura requerirá un esfuerzo enorme. Ese proyecto tiene el potencial de definir el futuro político de Rodríguez.
Aliada cercana del presidente estadounidense Donald Trump, ha intentado presentarse como un agente de cambio político, a pesar de haber sido vicepresidenta de su predecesor, el socialista Nicolás Maduro, a quien Washington derrocó en enero.
La narrativa de una nueva Venezuela se fundamenta en la reconstrucción, afirmó Tony Frangie Mawad, politólogo radicado en Caracas. Y termina siendo un poco irónico que ahora el país tiene que afrontar con muchísima dificultad una reconstrucción muy literal de su infraestructura.

Frangie afirmó que el rescate y la reconstrucción se enfrentarán a enormes desafíos dada la prolongada crisis económica del país y el debilitamiento de los servicios públicos. Es muy probable que acaben en fracaso.
Sin embargo, si el Gobierno logra gestionar bien una estrategia de recuperación, sobre todo con la ayuda internacional que está llegando y gestionar bien una narrativa, pues puede utilizar esto para apalancarse en una épica de unión nacional en cuanto a una catástrofe natural, agregó.
Rodríguez ya está intentando hacer precisamente eso, al invocar la unión para superar la situación, dijo inmediatamente después del desastre. Un importante apoyo estadounidense podría inclinar la balanza.
En 1999, el fallecido líder Hugo Chávez rechazó la ayuda de Washington tras los devastadores deslizamientos de tierra que causaron la muerte de al menos 10. 000 personas, una señal temprana de una postura que profundizó luego el aislamiento de Venezuela.
Según analistas, la ayuda de la administración Trump podría aumentar tanto el papel de Estados Unidos en el país como la dependencia del gobierno respecto a Washington. Los terremotos ya han decidido el futuro político de América Latina en el pasado. En 1972, uno devastó gran parte de Managua, causando entre 5. 000 y 10. 000 muertos. La respues
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