Inicio Columnistas El Quiosco Rocha Moya, Maru Campos y el Cártel de Sinaloa Jueves, 28 Mayo 2026 20:30 Rocha Moya, Maru Campos y el Cártel de Sinaloa Escrito por Felipe Ponce Mecinas tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente Imprimir Email Valora este artículo 1 2 3 4 5 (0 votos) Foto: Especial Los escándalos políticos y judiciales que hoy envuelven a los gobernadores de Sinaloa y Chihuahua, Rubén Rocha Moya y María Eugenia Campos, respectivamente, no son el origen de la crisis que enfrenta México. De hecho, están muy lejos de ser el verdadero fondo del problema.
Apenas representan la grieta visible de una fractura mucho más profunda del Estado mexicano frente al poder del crimen organizado y la creciente intervención de Estados Unidos en los asuntos de
La polarización que incendia a la clase política mexicana y lleva a voceros oficiales y opositores a rasgarse las vestiduras dejó de ser únicamente ideológica. El conflicto ya evolucionó hacia algo mucho más delicado: una verdadera crisis de Estado envuelta bajo el discurso de la soberanía nacional. Lo que durante décadas sobrevivió entre rumores, expedientes clasificados y verdades a medias, finalmente comienza a exhibirse con claridad: el "amasiato" entre estructuras criminales y esferas de poder político.

Y aunque muchos podrían decir que “eso ya se sabía”, en realidad sólo existían sospechas dispersas, versiones aisladas y piezas de un rompecabezas que hoy empieza a tomar forma. En ese apareció Rubén Rocha Moya. El gobernador con licencia de Sinaloa compareció el martes ante la Fiscalía General de la República (FGR) luego de la acusación abierta en Estados Unidos por presuntos vínculos con “Los Chapitos”, la facción criminal que durante la última década operó con tal nivel de impunidad que logró exhibir al Estado mexicano durante “El Culiacanazo” de octubre de 2019.
Rocha Moya acudió a declarar, salió sin ser detenido y mantuvo intacto el discurso de respaldo absoluto a la Cuarta Transformación. Sin embargo, el daño político ya estaba hecho. Porque más allá de la narrativa oficial, la señal enviada desde Washington resulta contundente: las investigaciones ya no apuntan únicamente a operadores criminales, sino también a estructuras políticas vinculadas al poder regional. Y eso cambia completamente el escenario. No se trata de una filtración menor ni de un golpeteo electoral doméstico.
La acusación surgió desde el Departamento de Justicia de Estados Unidos y aterrizó en cortes federales de Nueva York, donde difícilmente se construyen expedientes sin respald
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