El miércoles, una masa de agua, hielo y rocas devastó un valle en el norte de Nepal y el suroeste de la región autónoma de Tíbet, dejando un balance provisional de 392 muertos y unos 1. 400 desaparecidos. Miles de efectivos militares nepalíes y autoridades chinas, con apoyo aéreo, están buscando a cientos de personas sepultadas por el lodo.
El colapso de una gran masa de hielo en un glaciar nepalí, a entre 5. 200 y 5. 500 metros de altitud, causó una señal sísmica de magnitud 5. 2. La mole de hielo precipitó más de 1. 000 metros sobre la cuenca del Lhende Khola, arrastrando rocas y desprendimientos a gran velocidad hasta convertirse en una avalancha de lodo.

En siete minutos recorrió unos 20 kilómetros hasta arrasar el paso fronterizo de Gyirong y adentrarse en Nepal. La zona es el punto de inicio de excursiones y peregrinaciones importantes del Himalaya, como viajes hacia Lhasa o el Everest, y peregrinaciones al monte Kailash y al lago Manasarovar, lugares sagrados para el hinduismo.

Centenares de peregrinos indios coincidían en la zona por el festival Janai Purnima. En Nepal, la Policía ha recuperado 359 cadáveres y rescatado 445 personas con vida, entre ellas 27 extranjeros. En Tíbet, se contabilizan tres fallecidos y 558 personas sin contacto.
La Junta de Turismo de Nepal elevó a 540 la cifra de extranjeros desaparecidos, incluyendo 24 ciudadanos chinos y tres portugueses. La Autoridad Nacional nepalí para la Gestión del Riesgo de Desastres advirtió de la formación de un lago por la obstrucción del río Lhende a unos 18 kilómetros del paso fronterizo de Rasuwagadhi.

El Ministerio de Recursos Hídricos de China cuantifica en unos dos millones de metros cúbicos el agua retenida. Este desastre pone de manifiesto la vulnerabilidad de las comunidades en la región ante fenómenos extremos, así como la importancia de la cooperación internacional en la gestión de riesgos y respuesta a desastres.
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