La procuradora general Yeni Berenice Reynoso inauguró las nuevas instalaciones de la fiscalía ordinaria y la Unidad de Atención Integral a Víctimas de Violencia de Género, Intrafamiliar y Delitos Sexuales en Villa Altagracia, municipio de la provincia San Cristóbal en República Dominicana.
Durante el acto, Reynoso afirmó que "la justicia tiene que estar en las comunidades, la justicia tiene que estar al servicio de las personas, porque el ser humano es el centro de todo". La autoridad enfatizó que el Ministerio Público debe cumplir su función como institución garante del Estado de derecho establecido en la Constitución.
La inauguración contó con la presencia del vicealmirante José Manuel Cabrera Ulloa, presidente de la Dirección Nacional de Control de Drogas, y de Pura Casilla, gobernadora de San Cristóbal. También asistieron la procuradora de corte Ana Andrea Villa Camacho, titular de la Dirección Nacional contra la Violencia de Género, y el general Miguel Mata Rodríguez, director de la Regional Cibao Sur de la Policía Nacional.

Reynoso calificó el evento como "la reafirmación de un compromiso inquebrantable con la justicia" y adelantó que próximamente se inaugurarán la Fiscalía Comunitaria de Miches y la de Villa Isabela.
La titular del Ministerio Público destacó que el modelo de fiscalía implementado es "estandarizado", argumentando que "no creemos en un modelo en el que las condiciones mejores están en las grandes ciudades". Según sus palabras, "los derechos de las personas son los mismos, sin importar que estén en la sede central, o en el municipio o comunidad más apartada".
Reynoso enfatizó que "donde resida la persona no define el valor y la importancia de su caso", al tiempo que exigió que la justicia sea "de calidad, transparente y eficiente".

Dirigiéndose al personal que operará las nuevas instalaciones, la procuradora solicitó que sirvan "con dedicación, con empatía objetiva y razonable, con humildad" y con "profundo sentido del valor tan grande que tienen para tutelar la dignidad humana".
La bendición religiosa estuvo a cargo del sacerdote Alfredo Rodríguez Uceta, de la Iglesia Nuestra Señora de La Altagracia.
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