Un análisis de la NASA publicado en Nature destapa que la iluminación artificial en la Tierra se ha vuelto más intensa y desigual entre 2014 y 2022. Las imágenes, captadas cada madrugada por los sensores VIIRS a bordo de satélites de la NASA y la NOAA, distinguen luces tan pequeñas como una caseta de cobro en carretera oscura.
El estudio, liderado por Tian Li y Zhe Zhu de la Universidad de Connecticut, procesó 1.16 millones de fotografías para cubrir el planeta entre los paralelos 60°S y 70°N. El resultado: zonas doradas donde el brillo creció y otras púrpura donde se atenuó, reflejando decisiones energéticas, crisis económicas y electrificación rural.

En Estados Unidos, los mapas muestran círculos brillantes sobre la Cuenca Pérmica en Texas y la formación Bakken en Dakota del Norte. Allí, la quema de gas asociada al fracking alcanza niveles récord, visible desde el espacio como fogatas industriales permanentes.
Mientras tanto, en Asia y África, pequeños puntos dorados marcan los primeros núcleos rurales que reciben electricidad. La NASA advierte que estos encendidos simultáneos ilustran la dualidad global: más combustión de hidrocarburos en el norte y primeros accesos a la red en el sur.

Miguel Román, subdirector de atmósferas y sistemas de datos del Centro Goddard, subraya que las luces nocturnas son ahora un indicador estratégico. “Revelan la
El trabajo confirma que la producción nacional de petróleo y gas de EE.UU. creció sin precedentes durante el periodo analizado, impulsada por perforación horizontal y fractura hidráulica. Las quemas visibles desde el espacio equivalen a millones de metros cúbicos de gas desperdiciado.

En contraste, las áreas que atenuaron su brillo corresponden a ciudades que migraron a LED o redujeron actividad económica. La combinación de ambos fenómenos dibuja un planeta donde la transición energética es más lenta y desigual que lo que prometen los informes oficiales.
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