En septiembre de 2010, Microsoft llevó a cabo un evento inusual para celebrar el lanzamiento de Windows Phone 7. La compañía organizó un funeral simbólico para el iPhone y BlackBerry, con coches fúnebres y disfraces, demostrando su confianza en el éxito de su nuevo sistema operativo.
El evento, que tuvo lugar en el campus de Microsoft, incluyó disfraces, música y una coreografía con el clásico 'Thriller' de Michael Jackson. La intención era celebrar el trabajo del equipo y reforzar la idea de que Microsoft estaba iniciando una nueva etapa en el móvil.

Sin embargo, Windows Phone 7 no llegó a un terreno virgen. El iPhone ya había popularizado la idea del teléfono inteligente moderno y Android estaba ganando presencia rápidamente. Microsoft necesitaba convencer a los usuarios, atraer a los desarrolladores y diferenciarse de dos plataformas que ya contaban con una ventaja decisiva: un ecosistema de aplicaciones cada vez más amplio.

Windows Phone llegó a alcanzar cierta presencia en algunos mercados europeos, pero nunca consiguió convertirse en una alternativa comparable a iOS o Android. Su cuota mundial rondó el 3,6% en el tercer trimestre de 2013, según datos de Gartner, y después comenzó a retroceder.
La adquisición de la división de dispositivos de Nokia tampoco resolvió el problema. Microsoft compró el negocio en 2014, pero la estrategia de hardware y sistema operativo no logró generar el volumen necesario para atraer a más usuarios y desarrolladores. En 2016, la compañía asumió pérdidas de miles de millones de dólares relacionadas con la división de dispositivos.

El funeral simbólico de Microsoft para el iPhone y BlackBerry refleja la confianza inicial de la compañía en el éxito de Windows Phone 7, un sistema operativo que, sin embargo, no logró desplazar a sus competidores en el mercado de los teléfonos inteligentes.
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