La Ciudad de México volvió a ser escenario de un encuentro entre dos expresidentes latinoamericanos que enfrentan serias acusaciones de corrupción. Gustavo Petro, recién salido de la Presidencia de Colombia, y Rafael Correa, exmandatario de Ecuador, se reunieron en la capital mexicana en un hecho que reabre la discusión sobre el país como destino para líderes de izquierda con problemas legales pendientes.
El encuentro ocurre apenas semanas después de que Petro dejara el cargo. El ahora exgobernante llegó a México tras solicitar permiso al Senado colombiano, una medida que le permitió salir de su país en medio de una creciente tormenta judicial.
El actual presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, presentó una denuncia formal en contra de Petro por presunta traición a la patria. La acusación señala que el exmandatario debilitó la

Por su parte, Rafael Correa mantiene desde hace años una condena en Ecuador por corrupción, lo que le impide regresar a su país. El exmandatario ecuatoriano ha residido en Bélgica y realiza frecuentes viajes a territorios donde no existe riesgo de extradición.
La reunión de ambos líderes en territorio mexicano no es aislada. En los últimos años, México se ha consolidado como uno de los principales espacios de encuentro para gobernantes progresistas que han dejado el poder bajo acusaciones de desvíos de recursos o presuntos vínculos con el crimen organizado.

Este fenómeno contrasta con el giro político que han experimentado varios países latinoamericanos. Colombia, Ecuador y otras naciones de la región han elegido en comicios recientes candidatos de derecha, en lo que diversos analistas interpretan como un rechazo ciudadano a las administraciones de izquierda salientes.
La presencia de Petro en México también plantea interrogantes s
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