México es conocido por su alta actividad sísmica, debida a su ubicación geográfica y la interacción de placas tectónicas. Un análisis de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), reconocido por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), identifica a entidades con riesgos de daños significativos ante un terremoto de magnitud 7 o superior.
La clasificación de peligro sísmico divide a México en cuatro zonas: A (bajo peligro), B (moderado), C (alto) y D (muy alto). Las entidades con mayor riesgo de sufrir daños ante un terremoto son la Ciudad de México, Oaxaca, Puebla, Morelos, Guerrero, Estado de México, Chiapas, Veracruz, Tlaxcala y Hidalgo.

La mayoría de estas se encuentran en zonas de peligro moderado-alto y alto. La actividad sísmica en México se concentra principalmente en el occidente y sur del país, con Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Colima y Jalisco destacando por su alta frecuencia de sismos.
Esta actividad está relacionada con la interacción de las placas de Cocos y Rivera con la placa Norteamericana, especialmente en la zona de subducción frente a las costas del Pacífico mexicano. Las zonas de subducción son de especial importancia para la evaluación del peligro sísmico, según Cenapred.

Guerrero, Oaxaca y Chiapas presentan una elevada actividad sísmica debido a la dinámica de las placas tectónicas que convergen en la región. México se encuentra dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa zona de actividad tectónica y volcánica.
Sin embargo, la frecuencia de sismos no garantiza que un estado sea el lugar donde ocurrirá el mayor daño. La magnitud del movimiento, su profundidad, la distancia del epicentro respecto de las zonas pobladas, el tipo de suelo y las condiciones de las edificaciones son factores determinantes.

Los trabajos de rescate en la Ciudad de México después de un terremoto reciente ilustran la complejidad de las respuestas ante desastres naturales.
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