La inteligencia artificial ya modifica estructuras fundamentales del trabajo, el aprendizaje y la vida urbana, según advierte Antoni Garrell, presidente de HM Hospitales y académico de honor de la Real Academia Europea de Doctores. En artículo publicado en Catalunya Económica, el experto señala que tecnologías como prótesis inteligentes y nanorobots expanden capacidades humanas al tiempo que generan dilemas éticos sin precedentes.
En su discurso de ingreso a la Real Corporación, pronunciado en noviembre pasado, Garrell ya había abordado la transición hacia una nueva era digital. Destacó entonces las oportunidades y riesgos de esta transformación, tomando como referencia los efectos de revoluciones tecnológicas anteriores.
La colaboración entre personas y máquinas altera la producción industrial y las modalidades de teletrabajo. Paralelamente, la movilidad autónoma y las infraestructuras digitales sostenibles reconfiguran el espacio urbano, un cambio especialmente relevante ante el envejecimiento poblacional.

El académico subraya que la ciberseguridad y la gobernanza digital resultan indispensables para resguardar a ciudadanos, empresas e instituciones en este escenario.
Una parte central de su reflexión apunta al horizonte de una inteligencia artificial general con autoconsciencia. Aunque los sistemas actuales solo simulan comprensión, las grandes tecnológicas mantienen investigaciones en esa dirección. Una superinteligencia con identidad propia, capaz de superar el procesamiento humano, podría crear un desequilibrio cognitivo sin antecedentes.
Garrell recupera la advertencia de Stephen Hawking: el desarrollo de una IA plena podría significar el fin de la especie humana. Frente a esta perspectiva de competencia, plantea también una coexistencia complementaria que acelere soluciones al cambio climático y enfermedades complejas.

Estas ideas se desarrollan en su libro "La segona revolució digital: una nova era per a la humanitat", publicado el año pasado. La obra no ofrece respuestas cerradas, sino que busca abrir debate sobre límites éticos, valor del talento, sesgos algorítmicos y riesgo de atrofia cognitiva por excesiva delegación en máquinas.
El autor incluye la propuesta de que los robots contribuyan fiscalmente a la sociedad, así como la necesidad de soberanía digital y fiscal. Concluye que la historia se construye con decisiones cotidianas que pueden resultar determinantes.
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