La Ciudad de México no solo se mueve durante los sismos: se hunde cada día. El satélite NISAR, operado por la NASA y la agencia espacial india ISRO, acaba de confirmar que partes de la capital bajan más de 2 centímetros cada mes, una velocidad que ya afecta tuberías, edificios y vialidades.
El fenómeno, conocido como subsidencia, se activa cuando la sobreexplotación de acuíferos deja sin soporte a los sedimentos del subsuelo; la gravedad los compacta y la superficie desciende. No es novedad: el primer reporte data de 1925, pero los datos más recientes superan tasas históricas de 40 cm anuales registradas entre 1998 y 2002.

El mapa generado con solo tres meses de mediciones (octubre 2025-enero 2026) pinta de azul oscuro las colonias que pierden altura más rápido, mientras la periferia se eleva ligeramente como reacción elástica.
El costo de la deformación es cuantificable: 67 926 millones de pesos al año en roturas de tuberías, grietas estructurales y reparaciones de calles, según la empresa Ingeniería y Gestión Hídrica citada por El Economista.

El peligro no radica solo en la pérdida de nivel, sino en la diferencia de velocidades entre manzanas vecinas: esas tensiones desencadenan fallas que el diseño urbano actual no contempla. Además, el hundimiento modifica la respuesta sísmica del valle, dificulta el drenaje y facilita la entrada de sales y contaminantes a los pozos que aún dan agua.
El origen del problema se remonta al desecado del lago Texcoco tras la Conquista; la ciudad quedó asentada sobre arcillas que necesitan agua para mantener su volumen. Cada metro cúbico extraído acelera el colapso. La misión NISAR continuará emitiendo imágenes cada 12 días; sus datos están abiertos a investigadores y autoridades locales.

Sin planes inmediatos de reducir la extracción y sin alternativas de abastecimiento visibles, la nueva cartografía se convierte en un diagnóstico en tiempo real de una crisis anunciada.
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