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En apenas cinco días, 43 personas —entre ellas siete menores— fueron reportadas como desaparecidas en Jalisco, informó Milenio. Las víctimas salieron a la escuela, al trabajo o a diligencias cotidianas y no regresaron a sus hogares.
La mayoría de estas desapariciones se atribuye al crimen organizado, pero también existen casos en que participan agentes del Estado, configurando la figura de desaparición forzada prevista en el derecho internacional.

Bajo la norma internacional, existe desaparición forzada cuando la privación de libertad es cometida por funcionarios o con su aquiescencia, seguida de ocultamiento de la persona y negativa a reconocer la detención. Cuando ocurre de forma sistemática o generalizada se cataloga como crimen de lesa humanidad.

México acumula decenas de miles de casos y registra uno de los ritmos más altos del continente. La impunidad, la corrupción y la violencia generalizada alimentan el fenómeno, según organismos de derechos humanos.
El gobierno de Claudia Sheinbaum rechaza el término “desaparición forzada” y califica de “tendencioso” el informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU. La Secretaría de Relaciones Exteriores argumenta que el documento extrapola datos de solo cuatro entidades y omite avances institucionales.

La administración federal insiste en que “no tolera, permite ni ordena desapariciones forzadas”, pero colectivos de familiares afirman que esta postura invisibiliza la participación de policías y militares y revictimiza a quienes buscan a sus seres queridos en fosas clandestinas.
Etiquetas: desapariciones, Jalisco, derechos humanos, crimen organizado, Estado, México · Desapariciones y fosas
