Las familias y empresas de la Eurozona anticipan que los precios subirán un 4% en los próximos doce meses, el doble que el mes previo, según la encuesta mensual difundida ayer por el Banco Central Europeo (BCE). El salto de 1.5 puntos porcentuales, registrado entre febrero y marzo, es el más pronunciado desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022 y devuelve la expectativa a su nivel más alto desde octubre de 2023.
El disparadero principal fue el recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio. El bloqueo del estrecho de Ormuz, arteria por la que transita cerca del 20% del petróleo mundial, encareció el crudo y el gas y trasladó presión a los precios mayoristas de alimentos y transporte. Los hogares encuestados advirtieron que temen que el efecto se propague al resto de la canasta.
La inflación esperada no solo se aceleró en el corto plazo. A tres años la mediana subió al 3% desde 2.5%, mientras que a cinco años alcanzó 2.4%, apenas por debajo del objetivo de 2% del BCE. La consistencia al alza en todos los horizontes sugiere que el nerviosismo no es coyuntural.

El sondeo también reveló que la incertidumbre —medida por la dispersión de respuestas— aumentó en el segmento de corto plazo. Quienes perciben menores ingresos proyectaron inflaciones ligeramente superiores al promedio, lo que agrava el temor a pérdida de poder adquisitivo entre los más vulnerables.
Los jóvenes de 18 a 34 años fueron el único grupo que prevé una desaceleración menor, aunque sus expectativas también repuntaron. El BCE interpreta que la breve generacional refleja menor exposición a episodios previos de alta inflación, pero advierte que el cambio de percepción puede traducirse en demandas salariales más altas.
Para México, el escenario europeo implica riesgo sistémico indirecto. Un Euroárea
Etiquetas: Inflación, Eurozona, BCE, Energía, Riesgo-sistémico, Mercados globales · Riesgo sistémico
