La inflación de Estados Unidos se aceleró en agosto tras el repunte del precio de la gasolina, que interrumpió dos meses de caídas consecutivas. Este movimiento reforzó las expectativas del mercado sobre un aumento de tasas de interés por parte de la Reserva Federal en su próxima reunión monetaria.
El Índice de Precios al Consumo registró un alza del 0.4% el mes pasado, superando el 0.1% de julio, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. En términos interanuales, la inflación se ubicó en 3.4%, manteniendo el mismo nivel del mes anterior.

Los economistas consultados por Reuters anticipaban precisamente estos resultados: 0.4% mensual y 3.4% anual. Sin embargo, el indicador subyacente —que excluye alimentos y energía— mostró una presión mayor de lo esperado al avanzar 0.3% mensual, frente al 0.2% previo.
El panorama se complicó con el informe del Índice de Precios al Productor de agosto, publicado un día antes, que mostró aumentos significativos en componentes clave para el cálculo de la inflación del PCE, el indicador que guía las decisiones del banco central.

Los precios del petróleo superaron los 100 dólares por barril, mientras el gasóleo alcanzó máximos históricos. Esta dinámica sugiere que la presión inflacionaria podría extenderse a otros sectores de la economía en los próximos meses.
Antes de conocerse el dato del IPC, los mercados asignaban cerca de 70% de probabilidad a un alza de 25 puntos básicos en la reunión del 15 al 16 de septiembre, según la herramienta FedWatch de CME. El rango actual de la tasa de referencia se sitúa entre 3.5% y 3.75%.

El entorno inflacionario también adquiere dimensiones políticas. El aumento de precios de gasolina y alimentos ha erosionado los índices de aprobación del presidente Donald Trump y podría afectar las posibilidades de su partido en las elecciones de mitad de legislatura de noviembre.
Algunos economistas señalan que los aranceles sobre importaciones, incluidos los recientes contra Canadá, mantienen presiones adicionales sobre los precios. El informe de PCE de agosto incorporará cambios metodológicos que, según ciertos analistas, podrían reducir levemente la lectura de inflación subyacente.
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