Fervo Energy firmó con Google un acuerdo de compra de energía geotérmica de 396 MW, el mayor de su tipo para sistemas mejorados hasta la fecha. La electricidad provendrá del proyecto Cape Station en Utah, destinado a un posible centro de datos de la tecnológica cuya construcción, según los planes, concluiría en junio de 2030.
La operación supera el PPA de 320 MW que la misma firma de geotermia había acordado con Southern California Edison en 2024. El contrato contempla además una opción de expansión cercana a los 600 MW adicionales, que elevaría el total a casi 1 GW.
Google aclaró que los planes definitivos para el centro de datos dependen de factores técnicos, aprobaciones estatales y locales, y condiciones comerciales. Esta cautela contrasta con el anuncio del acuerdo energético, que ya fija compromisos a largo plazo.

La relación entre ambas empresas se remonta al Proyecto Red en Nevada, el piloto comercial de la geotermista que opera desde 2023. En 2024, la tecnológica adquirió 115 MW mediante NV Energy bajo un modelo tarifario diseñado para facilitar inversiones en limpias.
A finales de 2025, la firma de geotermia cerró una ronda Serie E de 462 millones de dólares, en la que Google participó como inversor de capital. Esta doble condición —cliente mayoritario y accionista— plantea interrogantes sobre la concentración de poder en cadenas de suministro energético.
El acuerdo permite a la desarrolladora expandir su GeoCluster de Cape Station más allá de su fase inicial de 100 MW, usando unidades repetibles de 50 MW que buscan reducir costos. La expansión que alimentaría este contrato entraría en operación en 2028.

Tim Latimer, CEO de la geotermista, afirmó que los sistemas mejorados están "preparados para impulsar la próxima generación de infraestructura informática". Lucia Tian, directora de tecnologías avanzadas de energía en la tecnológica, destacó "beneficios económicos" para la comunidad local.
Mientras tanto, los reguladores antitrust en múltiples jurisdicciones examinan la capacidad de las grandes tecnológicas para fijar condiciones en mercados paralelos. La integración vertical —desde generación eléctrica hasta centros de procesamiento de datos— escapa en buena medida a los marcos diseñados para industrias separadas.
La transición energética requiere inversión masiva, pero la pregunta pendiente es si los mecanismos de competencia actuales pueden garantizar que dichos beneficios no consoliden posiciones dominantes en sectores estratégicos contiguos.
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