En septiembre de 2013 el presidente ruso Vladimir Putin advirtió a su homólogo armenio Serzh Sargsyan que no era posible pertenecer a la Unión Económica Euroasiática y simultáneamente firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea. Armenia canceló el pacto con Bruselas.
La diplomacia armenia logró retomar las negociaciones y en 2017 se firmó el Acuerdo de Asociación Integral y Reforzado con la UE sin oposición de Moscú. El cambio de gobierno en 2018 llevó a Nikol Pashinyan al poder. El nuevo mandatario mantuvo a Armenia dentro de la UEE y la OTSC, aunque retó la influencia rusa con discursos más occidentalistas.

La guerra de 44 días en 2020, la invasión rusa a Ucrania en 2022 y la inacción de las tropas de paz rusas durante la ofensiva azerbaiyana de 2023 profundizaron el distanciamiento entre Ereván y Moscú. A pesar del deterioro político, el comercio y el suministro de gas natural siguen concentrados en Rusia.
El 1 de abril de 2026 Pashinyan viajó a Moscú por iniciativa propia. Putin reiteró la misma disyuntiva de 2013: integración europea o participación en la UEE. El precio preferencial del gas y el acceso al mercado ruso siguen siendo las principales palancas de presión.

La reunión, inusualmente larga, evidenció que Armenia no ha logrado reducir su vulnerabilidad energética ni diversificar exportaciones. El gobierno armenio intenta mostrar apertura hacia Occidente mientras conserva los beneficios del acuerdo euroasiático.
Sin vías alternativas de suministro, cualquier intento de acercamiento a la UE sigue supeditado al costo del gas ruso.
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