La investigadora y académica mexicana Aleida Azamar Alonso cuestiona la viabilidad de convertir a México en una plataforma de reexportación de gas fósil licuado mediante el fracking. En su libro "México en la encrucijada gasífera:
Actualmente, la matriz eléctrica nacional depende en un 60% del gas, mientras que el restante 40% proviene de petróleo, carbón, biomasa, eólica, solar y otras fuentes. Hace dos décadas predominaba el petróleo, pero la reducción de pozos impulsó la extracción de gas. Al constatarse la escasez de reservas nacionales y los altos costos de producción, México optó por importar el combustible de Estados Unidos por ser más económico.
Esta dependencia representa un riesgo estructural, señala la académica de la Universidad Autónoma Metropolitana. El gas abastece servicios esenciales como electricidad, internet y suministro de agua. Si el gobierno estadounidense incrementa precios por motivos sociales, políticos o geopolíticos, el impacto para México sería grave.
La propuesta de

Azamar Alonso detalla que empresas estadounidenses buscan que México se dedique a licuar gas para exportarlo principalmente a Asia. Este esquema priorizaría las ganancias de corporaciones extranjeras, mientras la contaminación, los daños territoriales y la infraestructura de gasoductos quedarían en el país.
Para alcanzar mercados asiáticos, México necesitaría construir extensas redes de gasoductos que atravesarían buena parte del territorio nacional. La investigadora subraya que la reexplotación de gas no es viable con las reservas, capacidad de almacenamiento y niveles de importación actuales.
La urbanización acelerada de varios países asiáticos ha incrementado la demanda energética en esa región, convirtiéndola en destino prioritario para el gas licuado. Sin embargo, la experta advierte que México asumiría los costos ambientales y sociales sin obtener beneficio económico directo de la exportación final.
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