El gobierno de Donald Trump consolidó un acuerdo poco ortodoxo con North American Blue Energy Partners, el segundo productor privado de petróleo más grande de Venezuela, que le abre la posibilidad de ampliar su presencia en las cuencas petroleras más importantes del país sudamericano.
La operación se anunció la semana pasada y representa una apuesta por el acceso a 17 campos específicos, aunque las autoridades no han detallado la ubicación exacta de todos ellos ni las condiciones contractuales finales.
El plan enfrenta obstáculos técnicos y financieros de consideración. Incrementar la producción de manera significativa en esas áreas resultará costoso, según analistas del sector, y requerirá plazos prolongados que podrían extenderse por varios años.

La compañía estadounidense deberá invertir en infraestructura deteriorada por años de subinversión y sanciones que han aislado al sector petrolero venezolano de los mercados y tecnologías internacionales.
El acuerdo se enmarca en una estrategia de la administración Trump que busca garantizar suministro energético mediante acercamientos directos con actores privados en territorios bajo gobiernos con los que Washington mantiene tensiones diplomáticas.
La participación de Blue Energy Partners como intermediario permite al gobierno estadounidense operar sin reconocimiento formal al ejecutivo de Nicolás Maduro, aunque sí requiere cierta coordinación institucional para la explotación de recursos que son propiedad del Estado venezolano.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez ha participado en conversaciones previas sobre la materia, según versiones de fuentes cercanas a la negociación, aunque no se han hecho públicos comunicados oficiales del gobierno venezolano sobre los términos específicos del acuerdo.
El esquema plantea interr
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