La inflación subyacente de Estados Unidos no logra regresar al objetivo de 2 % de la Reserva Federal y la causa principal no son los conflictos externos ni las cadenas de suministro, sino la demanda interna caliente. Así lo concluye el informe “Five doubts about the US disinflation story”, elaborado por Matt Luzzetti para Deutsche Bank.
El estudio destaca que el PCE subyacente supera la meta en más de un punto porcentual desde hace cinco años, pese a la estrategia de alzas de tasas del banco central. La brecha del producto —diferencia entre el nivel real de actividad y el potencial— se mantiene positiva en cerca de un punto, según la Oficina de Presupuesto del Congreso.

Eso indica que la economía funciona todavía por encima de su capacidad, generando presión al alza sobre los precios. El análisis recurre a la curva de Phillips para mostrar que un mercado laboral fuerte y el consumo sostenido dificultan una desinflación más rápida.

Una descomposición de la Reserva Federal de San Francisco respalda la tesis: los componentes ligados a la demanda explican la mayor parte del exceso de inflación respecto a niveles pre-pandemia; le siguen categorías clasificadas como “ambiguas”.
Incluso si los factores de oferta volvieran a sus niveles de 2019, el PCE subyacente se ubicaría cerca de 3 % anual, casi un punto arriba del objetivo oficial. Los datos de abril reforzaron el panorama: el IPC general trepó a 3,8 % y el subyacente a 2,8 %, impulsados por energía, vivienda y servicios.

Para los mercados globales, la persistencia inflacionaria en la mayor economía implica tasas de interés más altas por más tiempo, mayor volatilidad en flujos de capital y presión sobre divisas emergentes, incluido el peso mexicano.
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