La NASA ha utilizado un marcador mineralógico para comprender mejor el clima antiguo de Marte. Los datos recabados por el rover Curiosity han demostrado que los cristales sueltos de óxido de hierro en la hematita pueden ser utilizados como un indicador de los cambios climáticos que sufrió el planeta rojo en su antigüedad.
Debido a que la forma y estructura de estos cristalitos reflejan las condiciones en las que se formaron, tales como temperatura y presencia de agua, pueden servir como indicadores del momento en que ocurrieron cambios ambientales en Marte. Un grupo de científicos analizó 20 muestras recolectadas por Curiosity en diversas elevaciones a lo largo del cráter Gale.

Las paredes del cráter Gale revelan la historia ambiental de Marte, capa por capa, y las elevaciones más profundas conservan los registros de sus años más remotos. El equipo utilizó datos obtenidos por el instrumento de Química y Minerología (CheMin) del rover para descubrir que la hematita presentaba diferentes tamaños de cristalitos a diferentes elevaciones.

Además, la goethita, un mineral que habitualmente se forma junto con la hematita, estaba ausente en las muestras de menor altitud pero seguía presente en las de mayores elevaciones. Esto sugiere que las aguas subterráneas cálidas podrían haber persistido hasta por 4,7 millones de años en las capas más profundas del cráter Gale, siendo potencialmente habitables durante gran parte de ese tiempo.
Tanya Peretyazhko, coautora principal del estudio y científica planetaria del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, señaló que las condiciones cálidas y húmedas estuvieron presentes durante períodos prolongados en las rocas enterradas, a pesar de que el clima de Marte se iba volviendo cada vez más frío. Esto implica que, en las profundidades de estas rocas, esas condiciones más cálidas podrían haber propiciado condiciones habitables durante períodos de tiempo mucho más extensos.

Los óxidos de hierro son considerados indicadores de la actividad del agua, ya que se forman en presencia de esta. Este estudio demuestra que la hematita también puede servir como un marcador de cambios climáticos, en función del tamaño de los cristales.
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