Internacional Cuba: la cuenta regresiva para el colapso La crisis cubana ha dejado de ser un asunto de análisis geopolítico para convertirse en una tragedia cotidiana. Apagones interminables, hospitales disfuncionales, escasez de medicamentos y alimentos, inflación desbordada y transporte inexistente marcan la vida diaria de millones. Compartir en whastapp Compartir en Whastapp Compartir en Telegram Una isla sin energía. Foto: Ramón Espinosa / AP Revista Proceso Por Rafael Acosta de Arriba jueves, 21 de mayo de 2026 · 05:00 LA HABANA. – La realidad actual de Cuba no puede ser más grave y preocupante.
Decir que se trata de la crisis más aguda atravesada por el país desde 1959 al presente sería una perogrullada, pero que igual no daría toda la información. Opinar con cierto tino sobre esa realidad requiere más que eso. Este texto pretende ser un grito callejero, una exclamación mundana y natural, una voz alta que pudiera ser la de cualquier persona común residente en el país. Los cubanos, sean del credo político que sean, e incluso los que no lo tengan, ya no soportan más análisis desde la perspectiva geopolítica, requieren de soluciones y de manera apremiante. El país está al borde del colapso y un estallido social se aproxima gradualmente.
Cada noche sin electricidad en los hogares es un paso más en esa dirección. Los cacerolazos nocturnos no equivalen a tambores de guerra, pero sí son la banda sonora enloquecida e incontrolable del desespero, la frustración y la angustia.
La geopolítica lo que nos ofrece hoy es desconcierto, confusión y a la larga desesperanza, es una discusión de sobremesa de politólogos con deseos de escucharse, no más: que si el gobierno de Estados Unidos va a tomar a la nación, que si se gobernará la isla como un protectorado, que si ya están listos los ricos inversores que propiciarán la recuperación de la depauperada nación, que si esto, que si lo otro; en fin, una eficaz e instrumentalizada campaña para inundar las redes sociales y los medios. Es obvio que la operación de secuestro del presidente Nicolás Maduro ha desajustado aún más al jefe del imperio, más de lo que ya parecía estarlo.

Su concepción del mundo y de las relaciones internacionales da mucho que pensar por su simpleza y banalidad. Por otro lado, la disputa armada entre Israel-Estados Unidos contra Irán y la guerra entre Ucrania y Rusia no son el escenario más adecuado para ventilar un caso como el de Cuba, que no resulta jugoso para los grandes poderes imperiales salvo, precisamente, si se le mira desde la perspectiva geopolítica. ¿Quedamos entonces como un bocado para paladearlo cuando exista el reposo necesario?
A su vez, el gobierno de la isla parece moverse con cautela ante una amenaza real que el operativo estadunidense en Venezuela acrecentó por su violencia y eficacia y en el que pereció un grupo de cubanos. De manera obvia, las supuestas exigencias norteamericanas de cambio de régimen no tendrán oídos receptivos en la dirección cubana. No hay en Cuba una parte del gobierno dispuesto a la traición más flagrante y, si existiese, no tiene la más mínima oportunidad de manifestarse o actuar. Pensar lo contrario sería pecar de ignorancia acerca de la historia del país.
El gobierno ha comenzado a tomar con apremio diversas medidas de índole económica fuera de los habituales planes y lineamientos, es decir, una incipiente movida de buena voluntad ante la presión del gobierno norteamericano, pero lo más probable es que no pasará de ahí. Algunos consideran, no sin razón, que tales medidas debieron implementarse con anterioridad como resultado del análisis interno y oportuno de la economía (han sobrado propuestas de brillantes economistas nuestros para mejorar la situación). En cualquier caso, lo reformable en Cuba pertenece a lo sistémico, no a parches parciales y periódicos que ya han demostrado su inutilidad.

Vista previa del texto publicado en la edición 0034 de Proceso . El cerco tendido a la isla por el gobierno de EU es asfixiante.
La falta de electricidad en los hogares de todo el país, que en puridad proviene desde mucho antes, la utilización de carbón y leña para cocinar el magro almuerzo o cena, la ausencia total del transporte público, los hospitales disfuncionales y la escasez de medicamentos, más otros problemas igualmente serios como la inflación incrementada de manera exponencial que impide o dificulta comprar lo necesario de la cotidianidad, causan numerosas molestias a la población y hacen que la vida en Cuba se haya convertido en una tragedia existencial o en una no vida.
Sobrarían los ejemplos, conocidos personalmente de madres alarmadas con la alimentación de sus hijos; de familias que ven agravar a sus enfermos sin que la asistencia sanitaria disponible ofrezca la respuesta que corresponde; de las personas que tienen que realizar las tareas del hogar en las tres horas (a veces menos) en que les llega la energía eléctrica durante la madrugada; de los hogares que no reciben por días y semanas algo tan vital para la subsistencia como el agua, en fin, para qué seguir. Y esto un día detrás de otro. Sólo los que vivimos en la isla sabemos con precisión a lo que me refiero.
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