El sistema de transporte de pasajeros en México enfrenta una crisis financiera que, si no se aborda, podría comprometer su viabilidad operativa en diversas regiones del país. Factores como el rezago en la renovación de unidades, el aumento de costos de operación y tarifas que no reflejan los costos reales del servicio son los principales responsables.
En el 35 Encuentro Nacional de Autoridades de Movilidad, se destacó que la edad promedio de buses en México supera los 18. 6 años, lo que los coloca fuera de norma.
Alejandro Osorio, coordinador del Consejo Promotor de la AMAM, señaló que la falta de renovación hace que las empresas sean menos rentables y más costosas en combustible, y que la pelea por el centavo en las tarifas va en contra de las mejores prácticas.

La crisis financiera del transporte público también afecta a la industria nacional de fabricación de autobuses, que enfrenta baja renovación de flota, incertidumbre en inversiones y presión competitiva por la entrada de fabricantes asiáticos.
Raúl González, director de Ventas de Mercedes-Benz Autobuses, mencionó la saturación del espacio público con menos autobuses, envejecimiento de vehículos, excesivos contaminantes y poca integración tecnológica.

Johana Beate Wysluch, directora del Programa de Ciudades y Transporte Sustentable de GIZ México, indicó que la inversión en autobuses fabricados en el país tiene un impacto económico significativo, con 78 pesos permaneciendo en la economía nacional y generando 25 empleos por cada 100 invertidos, en contraste con la importación de unidades asiáticas que dejan solo 18 pesos y generan tres empleos.
La sustitución de producción nacional por vehículos importados impacta la cadena de suministro, generación de empleo, actividad industrial y capacidad del país para desarrollar una industria estratégica.
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