El aeropuerto internacional Ben Gurion, principal puerta de entrada y salida de Israel, experimentó una de sus jornadas más complicadas el 20 de agosto de 2026. Miles de pasajeros quedaron atrapados entre largas filas, vuelos cancelados y retrasos que se extendieron durante horas. La interrupción, inicialmente atribuida a una 'huelga salvaje' de trabajadores aeroportuarios, se produjo en medio de un conflicto por la falta de personal para atender el intenso flujo de viajeros de agosto.
De acuerdo con datos de Flightradar24, durante la mañana del viernes Ben Gurion llegó a registrar retrasos promedio de entre 70 y 90 minutos en sus salidas, convirtiéndose en el aeropuerto más afectado del mundo en ese momento. Por la tarde, mantenía 30 vuelos retrasados y un promedio de 62 minutos de demora. La escena dentro de la terminal fue la de un aeropuerto desbordado: cientos de personas aguardando frente a los mostradores, equipaje acumulado y viajeros intentando obtener información sobre sus vuelos.

El conflicto comenzó cuando trabajadores dejaron sin atender algunos mostradores de facturación y se interrumpieron temporalmente los vuelos de llegada. El paro duró aproximadamente dos horas, pero sus consecuencias continuaron mucho después de que los empleados regresaran a sus puestos. Se esperaba que alrededor de 107 mil pasajeros pasaran por las instalaciones en un solo día, con más de 600 despegues y aterrizajes programados.

Pinchas Idan, jefe del comité de trabajadores de la Autoridad de Aeropuertos de Israel, aseguró que desde junio había advertido sobre una grave falta de personal. Según su versión, incluso se había decidido reducir en 250 el número de trabajadores temporales pese a que las jornadas ya estaban siendo rebasadas por la demanda. Idan también afirmó que algunos empleados llegaron a trabajar turnos de hasta 13 horas y que la escasez de personal había sido advertida repetidamente a las autoridades.

Mientras las autoridades y sectores políticos calificaron el episodio como una huelga no autorizada, Idan rechazó categóricamente esa interpretación. En una carta dirigida al primer ministro Benjamin Netanyahu y a la ministra de Transporte, Miri Regev, sostuvo que 'no hubo huelga' y responsabilizó a la administración del aeropuerto por haber decidido detener las operaciones ante una situación de agotamiento y falta de personal. El conflicto dejó vuelos cancelados, pasajeros varados y un costo estimado de 30 millones de shekels.
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