La ciberseguridad ya no depende únicamente de la tecnología, sino también de las personas que la utilizan. Esta realidad se hace evidente cuando se analiza el costo de los ataques: un kit de phishing cuesta prácticamente nada, según explica Richard de la Torre, responsable técnico de Marketing de Producto en Bitdefender. Alquilar uno estándar en la dark web a grupos de RaaS suele costar entre 40 y 80 dólares, y la inteligencia artificial ha amplificado su distribución.
El factor humano constituye la mayor superficie de ataque. Datos del Departamento de Comercio y Desarrollo de la ONU indican que en países desarrollados cada persona tiene acceso a entre 9 y 16 dispositivos conectados. Multiplicada por los cientos o miles de empleados de las organizaciones, esta cifra genera una enorme oportunidad para los actores de amenazas.

La situación se agrava por las dificultades de los responsables de TI para obtener aprobación de más talento en ciberseguridad. Además, como señala Gorka Sainz, director de Ingeniería de Sistemas de Fortinet Iberia, los empleados no siempre cuentan con la formación necesaria para identificar amenazas, especialmente cuando los ciberdelincuentes ya utilizan la inteligencia artificial como arma.

Álvaro Fernández, director de Ventas en Sophos Iberia, advierte que los atacantes han aprendido que es más rentable manipular a una persona que romper un firewall. El informe Sophos Active Adversary 2026 revela que el 67% de los incidentes de
Las principales brechas explotadas fueron credenciales comprometidas, ausencia o fallo de autenticación multifactor y sistemas de identidad débiles. El informe Sophos State of Ransomware 2026 señala que en España el 82% de los ataques de ransomware se originan a partir de identidades comprometidas, cifra que a nivel mundial alcanza el 79%.

Sophos también destaca que en la mayoría de los incidentes no existe una única causa dominante, sino una media de 2.7 factores combinados. Los fallos humanos —clics en enlaces maliciosos, credenciales débiles, falta de verificación— suelen ser el detonante inicial que abre la puerta a fallos técnicos posteriores. Incluso las empresas con tecnología avanzada siguen siendo vulnerables, porque ningún control automatizado puede anular por completo las decisiones humanas.
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