En 2020, un grupo de ex empleados de OpenAI, la compañía detrás de Chat GPT, decidió establecer su propia empresa llamada Anthropic.
Esta decisión se tomó debido a que consideraban que OpenAI priorizaba el beneficio económico sobre la Christopher Olah, fundador de Anthropic, expresó su deseo de conversar con alguien del mundo católico sobre sus esfuerzos y comprender su perspectiva.
Se reunió informalmente con Tighe, quien destacó la sinceridad de Olah en su deseo de que Claude, la IA desarrollada por Anthropic, sirviera a las personas sin causar daño. Olah estaba interesado en la opinión de un profesor de Teología Moral y Ética. Según Tighe, aunque las buenas intenciones son importantes, no son suficientes para la moralidad.

La empresa se propuso entrenar a la IA con lo que mejor representara el comportamiento humano, alejándose de un enfoque utilitarista de la ética. Anthropic buscaba que Claude actuara de manera que garantizara el correcto comportamiento en todos los contextos.
Tighe enfatizó la importancia de escuchar diferentes opiniones y perspectivas para asegurar una visión enriquecida del bien humano. Olah subrayó la importancia de tener personas que no estén influenciadas por incentivos y que puedan ser críticas sinceras y reflexivas sobre la tecnología.
La Iglesia, según Tighe, debe mantener un diálogo con los trabajadores de la tecnología para ofrecerles apoyo y respaldo moral en su deseo de hacer el bien. Este diálogo busca asegurar que la tecnología se utilice de manera que respete y promueva los valores humanos y cristianos.
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