En la RSA Conference de San Francisco, el foro global que cada año anticipa los riesgos digitales, el consenso fue contundente: el modelo de
La ruptura del equilibrio tradicional se debe a que la inteligencia artificial ya no solo asiste; ejecuta. Los procesos de reconocimiento, explotación y permanencia dentro de redes están automatizados, mientras la mayoría de las defensas depende de tiempos humanos. El resultado: una ventaja crítica para quien controla la IA ofensiva.
La identidad se convirtió en el punto débil. El 74% de las brechas que reportó Verizon DBIR 2024 partió de credenciales comprometidas o abuso de privilegios. El atacante ya necesita vulnerar sistemas; solo requiere autenticarse. Por eso la

El problema se amplía con los propios agentes de IA dentro de las empresas. Muchos tienen identidades digitales y permisos reales, pero ni siquiera se sabe cuántos están activos ni qué accesos poseen. Esta falta de visibilidad abre una brecha invisible que los equipos de
Los centros de operaciones de

El costo de una brecha ya no depende solo del ataque, sino del tiempo que transcurre hasta detectarlo y controlarlo. Reducir esa ventana es, actualmente, el principal factor de resiliencia.
Uno de los hallazgos más relevantes del año no es técnico: es de gestión. El uso interno de herramientas de inteligencia artificial no autorizadas crea puntos de acceso no visibilizados ni auditados. La amenaza ya no entra solo desde fuera; se instala dentro, con credenciales reales y sin dejar rastro.
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