La pequeña casa de Mission, en San Francisco, donde Sam Altman y Greg Brockman empezaron a bosquejar OpenAI en 2015 apareció en el mercado con precio de 1. 545 millones de dólares. El inmueble de 170 m², construido en 1885, fue escenario de las primeras reuniones que derivaron en el laboratorio que lanzó ChatGPT.
El agente Shane Ray, de Compass, confirmó a La Nación que allí se escribieron los documentos fundacionales de la compañía, aunque no precisó cuándo dejó de usarse como oficina. Greg Brockman, presidente cofundador, figura como dueño anterior y no ha emitido comentarios sobre la venta.

La propiedad también aparece en el documental “Artificial”, centrado en la destitución y regreso de Altman a la empresa. El fenómeno no es único: Facebook nació en un dormitorio de Harvard, Google en un despacho de Stanford, Apple en el garaje de Jobs y Wozniak, y Amazon en el sótano de Jeff Bezos.
Esos lugares se han convertido en sitios de peregrinaje tecnológico. OpenAI pasó de organización sin fines de lucro a líder del mercado de modelos de lenguaje. Tras el estallido de ChatGPT 3. 5 en noviembre de 2022, la firma alcanzó una valoración que supera los 80 mil millones de dólares. El modelo actual, GPT-5.

1, presentado este año, incluye razonamiento avanzado y análisis más profundo. Para Altman, el chat popular solo marca el inicio de la revolución de la inteligencia artificial.
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