Documentos judiciales revelan que Anthropic ejecutó en 2024 el Proyecto Panamá: un sistema de desmembramiento y escaneo de libros físicos destinado a mejorar la calidad de escritura de Claude. La compañía buscaba evitar el “lenguaje de baja calidad de internet” y apostó por obras impresas.
Operarios emplearon una máquina de corte hidráulica para abrir los volúmenes, luego pasaban las páginas por escáneres de alta velocidad y contrataban a una empresa de reciclaje para reutilizar el papel. El proceso se mantuvo en secreto porque implicaba destruir ejemplares, práctica que dañaría la imagen pública de la startup.

La investigación del Washington Post se originó en una demanda colectiva por violación de derechos de autor. Aunque Anthropic pagó unos 1,500 millones de dólares en un acuerdo cerrado en septiembre, un juez ordenó en enero la publicación de parte de los expedientes.
Anthropic concentró sus compras en el mercado de libros usados para reducir costos y pasar desapercibida. Empezó con la emblemática librería The Strand en Nueva York y luego escaló con Better World Books y World of Books. El gasto total alcanzó decenas de millones de dólares en seis meses.

El volumen adquirido oscila entre quinientos mil y dos millones de ejemplares, según estimaciones del diario. Las obras fueron seleccionadas sin consentimiento de los titulares de derechos, lo que alimentó la demanda contra la compañía. El caso ilustra una práctica común en la industria de inteligencia artificial.
OpenAI y Meta han reconocido el uso de textos protegidos, mientras que Anthropic pasó de descargar libros de sitios pirata como LibGen a comprar ejemplares físicos, argumentando que la doctrina de la primera venta permitía su uso.
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