Petróleo y gas: la región gana peso en un mundo en tensión Mientras la incertidumbre geopolítica vuelve a sacudir los mercados energéticos globales, América Latina y el Caribe incrementó su producción de petróleo y gas natural en marzo. Brasil lidera el bombeo de crudo, Argentina encabeza la oferta gasífera y el comercio intrarregional aparece como una herramienta clave para fortalecer la seguridad energética.
Parlamentario 30 julio, 2026 X WhatsApp En un contexto internacional marcado por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y las crecientes dudas sobre el abastecimiento mundial de hidrocarburos, América Latina y el Caribe logró incrementar tanto su producción de petróleo como de gas natural durante marzo. El desempeño regional no solo evidencia una mayor capacidad de respuesta frente a los vaivenes externos, sino que también pone de relieve el papel estratégico que puede desempeñar la integración energética para garantizar el suministro.
Así lo destaca el último informe de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), que subraya la importancia de fortalecer la producción y los intercambios comerciales dentro de la región en un escenario global cada vez más volátil. Brasil y México impulsan el crecimiento petrolero La producción petrolera regional alcanzó los 324 millones de barriles en marzo, un volumen que representa un crecimiento interanual del 9% y una mejora del 1,3% respecto de febrero. El liderazgo continúa concentrado en pocos actores. Brasil se mantuvo como el principal productor de América Latina y el Caribe, con una participación del 41% del total regional.

Detrás se ubicaron México, con el 17%, y Venezuela, con el 11%. La nómina de los principales productores se completa con Guyana, que aportó el 9%; Argentina, el 8%; Colombia, el 7%; y Ecuador, el 5%. En conjunto, Brasil, México y Venezuela explicaron cerca de siete de cada diez barriles producidos en la región. La dinámica comercial también mostró la creciente relevancia de los vínculos intrarregionales. Más de la mitad de las importaciones de petróleo realizadas por los países latinoamericanos y caribeños, el 53%, tuvieron origen dentro de la propia región.
Sin embargo, las exportaciones continúan orientadas mayoritariamente hacia otros mercados: apenas el 12% del petróleo exportado permaneció en América Latina y el Caribe. El gas gana protagonismo y Argentina lidera la producción El gas natural también exhibió una evolución positiva. Durante marzo, la producción regional alcanzó los 22. 000 millones de metros cúbicos, con un crecimiento interanual del 5% y una variación similar frente al mes anterior.

La expansión adquiere especial relevancia en un escenario internacional atravesado por conflictos y amenazas sobre infraestructuras energéticas estratégicas, incluyendo zonas sensibles para el comercio global como el estrecho de Ormuz. En este segmento, Argentina se consolidó como el principal productor regional, con el 23% de la oferta total, apalancada por el desarrollo de los recursos no convencionales de Vaca Muerta. Trinidad y Tobago ocupó el segundo lugar con el 21%, seguido por Brasil con el 15%. Bolivia y México aportaron cada uno el 10% de la producción regional, mientras que Venezuela representó el 9%, Perú el 7%, Colombia el 5% y Ecuador el 1%.
A diferencia de lo que ocurre con el petróleo, el mercado regional de gas presenta una mayor interdependencia. Según el informe, el 49% del valor total de las importaciones de gas provino de países productores de América Latina y el Caribe, un dato que refleja el peso creciente del abastecimiento regional para reducir la dependencia de proveedores externos. El desafío pasa por la integración Más allá de los avances productivos, el informe advierte que la principal tarea pendiente para la región es profundizar la integración energética.

La disponibilidad de recursos no siempre coincide con las necesidades de consumo, por lo que el desarrollo de infraestructura, la ampliación de redes de transporte y una mayor articulación comercial serán determinantes para aprovechar el potencial existente. En un escenario global cada vez más expuesto a interrupciones del suministro y a fluctuaciones en los precios internacionales, América Latina y el Caribe cuenta con una ventaja estratégica: una base de recursos energéticos diversificada y una creciente capacidad de autoabastecimiento.
Convertir esa fortaleza en una verdadera seguridad energética regional dependerá, cada vez más, de la capacidad de los países para coordinar inversiones, conectar mercados y consolidar un espacio energético integrado.
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